Las posibilidades de la orquesta sinfónica son infinitas, creándonos impresionantes sonoridades con la utilización de unos u otros instrumentos.

Podríamos decir que la orquesta sinfónica nace en el siglo XIX con la introducción de todos los instrumentos de la familia de viento metal, y según avanza el siglo XIX y llegamos al XX la introducción de nuevos instrumentos de percusión.

El número de músicos que compone la orquesta sinfónica es superior a cuarenta, aunque la base siempre está en la sección de la cuerda. En este caso, al introducir más instrumentos de viento metal, necesitamos ampliar también el número de instrumentos de cuerda, de tal manera que podremos tener desde doce violines primeros, diez violines segundos, ocho violas, seis violonchelos y cuatro contrabajos, hasta veinte violines primeros, dieciocho violines segundos, quince violas, diez violonchelos y seis contrabajos. Todo va a depender de la densidad que requiera la obra y de la cantidad de instrumentos de viento metal y de percusión que haya.

La colocación sería la siguiente:

colocacion

Esta colocación de los instrumentos de percusión y viento metal al fondo del escenario está relacionada directamente con la capacidad de emisión de sonido de los instrumentos. Esto es, como la percusión y los instrumentos de viento metal son los más potentes, se colocan al final para que el sonido final resultante sea equilibrado con el viento madera y la cuerda.

Igualmente, mientras que el número estándar de viento madera y metal es el que señalo en el esquema, podemos encontrar obras en las que el compositor requiera de más instrumentos de las diferentes familias de viento. Un ejemplo lo podemos encontrar en la obra de Arnold Schoenberg titulada Gurrelieder, que está formada por la siguiente instrumentación: ocho flautas (de las cuales cuatro de ellas tocan también el flautín), tres oboes, dos cornos ingleses, cinco clarinetes, dos clarinetes bajos, tres fagotes, dos contrafagotes, diez trompas, seis trompetas, un trombón alto, cuatro trombones tenores, un trombón bajo, un trombón contrabajo, una tuba, veinte violines primeros, veinte violines segundos, dieciséis violas, dieciséis violonchelos, doce contrabajos, cuatro arpas y una celesta.

En cuanto al set de percusión también podemos ver que es muy amplio; Schoenberg especifica en la partitura que necesita seis timbales, un set de tres tom-toms (alto, tenor y bajo), platos, triángulo, una carraca, unas cadenas de hierro, un gong, un carillón y un xilófono. Como vemos, Schoenberg propone una gran orquesta sinfónica de aproximadamente ciento cincuenta músicos.

Por tanto, las posibilidades de la orquesta sinfónica son infinitas, creándonos impresionantes sonoridades con la utilización de unos u otros instrumentos. La orquesta es finalmente un único instrumento mágico que nos hace volar hacia un mundo mucho más lejano de lo conocido.