La figura del director de orquesta nace con Jean-Baptiste Lully en el siglo XVII. Lully fue un reconocido compositor y bailarín de la corte del rey Luis XIV.

Lully compuso muchas obras para ballet, lo cual hacía necesaria la figura de un director de orquesta para que los movimientos de los bailarines se ajustasen a la velocidad de la música y viceversa. Por esta razón, Lully, primer director de orquesta reconocido, marcaba la velocidad de la obra con una pesada vara de hierro. Esta vara metálica era golpeada en el suelo indicando así la velocidad. Desgraciadamente, en un efusivo momento de la obra, Lully golpeó con fuerza la vara, pero en esta ocasión no golpeó el suelo sino que se le clavó en el pie, ocasionándole una terrible gangrena que terminó con su vida meses más tarde.

Gracias a Lully, podemos comprender la primera de las funciones elementales del director de orquesta: unificar pulsaciones. Cada músico, al ser una persona independiente del resto y con una personalidad y sentimientos individuales, va a sentir la música de una manera y velocidad determinada. Es función primordial del director de orquesta unificar esos sentimientos y velocidades de todos los músicos en uno solo. Todos tienen que tocar a la misma velocidad, al mismo tempo, con la misma pulsación. El director de orquesta es el mago que unifica las pulsaciones internas de cada músico para que la orquesta no sea una multiplicidad de sentimientos y pulsaciones, sino para que la orquesta sea un único instrumento y una única pulsación.

Un siglo después, con la llegada del Clasicismo, y con él la llegada de la orquesta clásica de mayores dimensiones, se hizo más necesaria esta figura, sobre todo en las óperas. Con la llegada del Romanticismo (s. XIX) y la ampliación de las orquestas, la función del director es imprescindible, pues ya nos encontramos la orquesta sinfónica con todos los instrumentos de viento madera, viento metal, percusión y un número mucho mayor de instrumentos de cuerda en escena.

En este momento, en el siglo XIX, es cuando la figura del director de orquesta toma un mayor protagonismo. La famosa vara metálica de Lully ya ha sido cambiada por un pequeño palo de madera, al que llamamos batuta. Con la batuta, que es como una extensión del brazo para que todos los músicos le puedan ver perfectamente, el director sigue realizando su función principal de marcar el pulso de la obra, pero ahora también, debido a la cantidad de instrumentos, el director es el encargado de equilibrar el sonido de la orquesta para que los trombones no suenen más que los violines.

El hecho de que el director se sitúe en el centro de la orquesta no es fortuito. No es lo mismo cómo escucha a la orquesta un contrabajista, que está situado en el extremo derecho, que un flautista, que está dentro de la orquesta con la cuerda delante y el viento metal detrás. Esa posición centrada del director de orquesta le permite escuchar perfectamente todas las voces, y por ende, el resultado final que recibirá el público.

El director de orquesta, a través de sus gestos, indica si una sección o la orquesta entera debe tocar más piano (flojo) o más forte (fuerte). Indica si unas notas se deben tocar con mayor o menor dulzura, haciendo referencia al carácter de la música en un determinado momento. En esencia, en la partitura de los músicos están todas las notas, pero no está lo más importante, que es cómo deben ser tocadas esas notas para que suenen en correspondencia al resto de músicos de la orquesta. Esa instrucción de cómo tocar cada nota la da el director desde su gesto, sus manos, su mirada, su posición corporal, controlando a todos y cada uno de los músicos que tiene delante.

Lo más difícil de un director de orquesta no es marcar el pulso o equilibrar el sonido, sino saber gestionar todas las energías de un grupo de músicos para que no haya una multiplicidad de energías, sino para que la orquesta sea un único instrumento formado por muchas personas. Por este motivo, aunque hayas ensayado mucho y hayas podido decir muchas cosas importantes durante los ensayos, el día del concierto es único, porque el director de orquesta es el canalizador de todas las energías creando la unidad de la orquesta, buscando la sonoridad perfecta en el aquí y el ahora.